Wesley y el cuidado de la tierra (Primera parte)

 In Ecología

Juan Wesley (1703 -1791), fundador del metodismo, desarrolló una visión teológica profunda de la creación y la naturaleza. Fue uno de los teólogos protestantes del siglo XVIII que más trabajo el tema ecológico–como le llamamos hoy– No veía el mundo físico como algo despreciable, sino que consideraba que la naturaleza reflejaba el carácter de Dios. Y que el cuidado de la tierra y de los animales era una extensión de la gracia, y que la salvación final abrazará a toda la creación.

Hay varios sermones y frases en sus diarios que dan cuenta de esto. En su sermón 56 “El beneplácito de Dios sobre sus obras”, Wesley contemplaba la naturaleza como una revelación directa del amor divino. Siguiendo el texto de Génesis (donde Dios vio que todo lo que había hecho era bueno en gran manera), en el comienzo del mismo afirma:

“Todo lo que fue creado era bueno en su especie…para promover el bien de la totalidad y para la gloria del gran Creador.”

Y más adelante sigue afirmando la armonía y belleza de la creación toda, como imagen de Dios:

“Él veía con un placer indecible el orden, la belleza y la armonía de todas las criaturas… la serenidad de los cielos, el sol caminando en resplandor, el vestuario dulce y variado de la tierra, los árboles, los frutos, las flores y las corrientes murmurantes.”

En su Diario, el 22 de junio de 1781, sostiene:

“¡Qué maravillosos son los trabajos de Dios en la naturaleza y en la gracia! Cuanto más examinamos sus obras en el mundo físico, más razones tenemos para exclamar: ‘¡Cuán múltiples son tus obras, oh Señor! ¡Con sabiduría las has hecho todas!'”

Pero hay un sermón que es una verdadera fuente de visión cristiana ecológica. Ese es el Sermón 60, “La Liberación General”. En ese escrito, Wesley enseñaba que la naturaleza no es cruel por diseño original, sino que sufrió las consecuencias de la caída humana.

“Toda la creación gime y sufre dolores de parto hasta ahora… Esto se refiere directamente a la creación animal. ¿En qué estado se encuentra en el presente? […] No solo las criaturas más débiles son destruidas continuamente por las más fuertes, sino que unas y otras están expuestas a la violencia y crueldad de quien es ahora su enemigo común: el hombre.”

Uno de los aportes teológicos más distintivos de Wesley fue su convicción de que los animales y la tierra serán restaurados en la consumación de los tiempos. Wesley no ignoraba que esta situación crítica de la creación se debía a la voracidad humana. Por eso respondía en ese mismo sermón 60:

“…que algo mejor permanece también después de la muerte de estas criaturas; que también, algún día, ellas serán liberadas de esta esclavitud de corrupción y recibirán amplia recompensa por todos sus sufrimientos presentes….”¿Permitirá Dios que la creación permanezca siempre en esta deplorable condición? ¡Dios nos libre de afirmar o siquiera albergar tal pensamiento! Mientras toda la creación gime, sus gemidos no se dispersan en el aire en vano, sino que entran en los oídos de Aquel que las hizo. Toda la creación animal será sin duda restaurada…”

Uno de los teólogos contemporáneos más ricos en su interpretación de Wesley es Theodore Jennings —que como CMEW hemos editado hace unos años su libro Santificación y transformación social—. En ese libro (en su pág. 67) Jennings sostiene, —pensando en la crítica profética de Wesley sobre el Imperio Británico y su empresa colonial— que la sufrimos aún en América, en nuestras Islas Malvinas:

“La idea que iba en contra del pensamiento corriente de su tiempo, era ver la obra de Dios como una totalidad, ver la meta del nuevo cielo y la nueva tierra y afirmar al mismo tiempo que la vida de fe —la vida de santidad— es la que deberá constituirse en ejemplo concreto y dramático de aquella promesa de renovación total. Wesley unía su preocupación por toda la creación a la del terrible precio que el imperio pagaba para seguir siéndolo. A esto se debe que se preocupara por la explotación colonial de la India y de América, y por la depredación provocada por el tráfico de esclavos en África.

Estas cosas podían identificarse como el poder del mal que había atrapado al llamado Occidente cristiano. Cuando Wesley decía que la raíz de la devastación de la tierra y de las culturas no era sino la avaricia, no hacía más que hacer eco de y aplicar la sabiduría de los grandes padres apostólicos orientales. Basilio el Grande, por ejemplo, atribuyó la caída de Adán a su avaricia, al intento de acumular tesoros explotando la tierra y al consecuente abuso del prójimo.”

Frente a estos grandes desafíos, Wesley insistirá en renovar nuestra visión de esperanza en la restauración de todas las cosas en Cristo. Para no caer en la pasividad desesperada. En su Sermón 64 “La Nueva Creación” afirma:

“En la nueva tierra, ninguna criatura matará, herirá o causará dolor a otra… El escorpión no tendrá aguijón venenoso; el león no tendrá garras para desgarrar al cordero. La crueldad estará lejos… toda la tierra será un Paraíso más hermoso del que Adán jamás vio.”

Wesley también promovía un trato ético y compasivo hacia los animales y la creación, considerando que el ser humano debe actuar como mayordomo —cuidador consciente de la tierra—, como un reflejo de la misericordia y del cuidado de Dios. En sus “Notas sobre el Nuevo Testamento”, acerca de Romanos 8:19, escribió:

“La misericordia de Dios está sobre todas sus obras; y la compasión humana no debe ser menor que la de su Creador.”

Él veía la obra de Dios como una totalidad y la meta del nuevo cielo y tierra (la nueva creación) era un llamado a los cristiano/as a ser mayordomo/as, cuidadores de la tierra, ya que somos uno con ella. Si eso podemos vivirlo, reflejaría un anticipo concreto de aquella promesa de renovación total.

Seguiremos en una segunda parte profundizando sobre la visión ecológica de Wesley. Pero estos pensamientos recordados de Wesley ya nos desafían a reflexionar y sumarnos a esa promesa de Dios de renovar la tierra.

Somos/as llamados/as a desarrollar comunidades que sirvan de testimonio ecológico. Con una espiritualidad expresada en prácticas y actitudes que reflejen la compasión, el cuidado y la armonía con toda la vida. Armonía que, según la fe cristiana, es esencial en la nueva creación en Cristo.

En su sermón 60 “La Liberación General”, Wesley nos invita a orar y buscar al Creador para vivir esto: “Elevad vuestras cabezas, ¡oh criaturas capaces de conocer a Dios! Eleven sus corazones a la Fuente de su ser… Él abre Su mano y colma de bendición a todo ser viviente.” Que así sea.

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