Sexualidad y Género: desafíos a la teología y a las iglesias – (Parte 2)

Algunos desafíos teológicos

 En el texto antes mencionado de la teóloga N. Bedford, la autora lleva a cabo un análisis de la experiencia humana de la sexualidad empleando como marco teórico elementos propios de la Teología. Dicha experiencia, nos dice Bedford, resulta ser una constante cuya interpretación y manifestaciones van cambiando regularmente, de la misma manera en que se van modificando las maneras de construir los roles de género imperantes en nuestra sociedad actual.

Al llevar a cabo esta tarea, la autora adopta la postura epistemológica presente en autores del talante de Foucault y Butler, para quienes la “sexualidad” se manifiesta como una construcción social, de modo que su finalidad es desmembrar aquellos condicionantes pétreos e inamovibles que tienen sus anclajes en pasajes bíblicos descontextualizados. Bedford nos enseña aquí, que cuando de temas de sexualidad y de géneros se trata, la fluidez de las buenas nuevas –propia de la misión de la Iglesia- nos capacita para comprender que podemos cambiar, reconociendo que la sexualidad no resulta ser un tema o ente fijo, sino que refleja la permeabilidad y la maleabilidad propia del ser humano. Su desarrollo expositivo nos brinda herramientas eficaces para una apertura mental y espiritual.

Los “desafíos” presentes en nuestras iglesias con respecto a estos temas son variados y extremadamente complejos. Desde la desinformación y escasa apertura mental de los líderes y miembros de las mismas, hasta las sólidas estructuras sociales consolidadas por prejuicios instituidos y roles altamente definidos e impuestos. El empleo de pasajes bíblicos literales, descontextualizados, con la finalidad de fortalecer aquellos roles de género impuestos culturalmente es una constante. Se requiere de una labor muy ardua, de un gran esfuerzo interdisciplinario, como también, y especialmente, de un genuino amor y fe en nuestro señor Jesucristo para enfrentar los desafíos que esta realidad compleja y actual nos demanda.

La temática de la sexualidad y del género no constituye una novedad histórica, pero cabe recordar que las categorías semánticas y el vocabulario que utilizamos sí van mutando y poniendo ribetes nuevos en el escenario social.  Uno de los aportes del eje del género y de la sexualidad en la actualidad es recordarle – como varios teólogxs ya han mencionado- a la teología la fluidez que requieren tanto sus categorías epistemológicas como su concepción del ser humano. Los comportamientos de género se aprenden, se formulan, se negocian en nuestras distintas sociedades. No se expresa el ser varón o ser mujer hoy en América del mismo modo que hace 40 o 30 años.

Por ello los desafíos que este tema nos presenta como teólogxs que caminamos y estamos en camino de búsqueda de la justicia, según el aporte de Bedford, serían los siguientes:[1]

  • Trabajar este tema de la fluidez de la sexualidad y género hoy, conectándola con la temática cristiana de la conversión y transformación permanente de nuestra vida. ¿Qué implicancias tendría?
  • Conectar nuestro tema con nuestro discurso acerca de Dios, nuestro pensar acerca de Dios. Creo que hay que replantear la doctrina de la encarnación de la Eterna Segunda Persona de la Trinidad en la persona específica y plenamente humana de Jesús de Nazaret. En este tópico Dios se compromete profundamente con la particularidad. Se encarna en la particularidad de un ser humano, para que nosotros podamos (en todas nuestras particularidades) compartir la vida misma de Dios. [2]
  • Frente al crecimiento de la fobia a la diversidad sexual, deberíamos trabajar teológicamente el tema de la libertad gloriosa de los hijos de Dios (Romano 8) y conectarla con la dignidad de toda persona, como imago Dei, doctrina clave para la defensa de los derechos humanos.
  • Lo contra-hegemónico: en nuestras sociedades pluralistas puede surgir una diferencia considerable con los “no religiosos” ya que es posible que una manera teológica de re-pensar la ética sexual de nuevas maneras- desde la fluidez de las identidades sexuales y genéricas- se perfile de modo contra-cultural o contra-hegemónico. ¿Es que la superficialidad en las relaciones de pareja (bastante común en nuestras sociedades) es congruente con una visión transformadora de los seres humanos? ¿Cuándo la buena noticia del evangelio nos insta a ajustarnos a los tiempos y cuándo a ser contra-culturales o contra-hegemónicos?
  • Por último, lo cierto es que la salvación cristiana no ocurre sin nuestros cuerpos, y si pensamos en nuestros cuerpos necesariamente tenemos que pensar en nuestras sexualidades y en nuestra ética sexual. Y conectando esto, desde la hermenéutica wesleyana del horizonte de la esperanza en la nueva creación, ¿será posible que conectemos de manera fructífera la teología de la gracia (y no la doctrina del pecado) con nuestra realidad de seres sexuados?

REGRESO A LA PARTE 1 AQUI.

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[1] Agradezco al Foro de Teología y Género de ISEDET (Buenos Aires) coordinado en su momento por Nancy Bedford, ya que gran parte de los pensamientos y desafíos planteados aquí se deben a esos aportes que recibí allí, siendo estudiante de esa gran usina de pensamiento teológico que fue ISEDET.

[2] Afirma Bedford, que Dios mismo tiene que ser pensado con una maleabilidad y abundancia metafórica que vaya más allá de las categorías de género, sin excluirlas, ya que pensamos generalmente a los seres vivientes como cuerpos sexuados y nuestro imaginario nos acompaña cuando hablamos de Dios. Claramente, no es posible resolver del todo el tema de cómo hablar de un Dios que por un lado trasciende todas nuestras categorías y por el otro, en la encarnación, se compromete con nuestra particularidad y materialidad. Lo que sí parece evidente es que la capacidad de entender la fluidez de la sexualidad y del género en los seres humanos nos ayuda a la hora de expandir nuestra manera de referirnos a la Divinidad.

 

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