Recién salido del horno

“Y obligaron a uno que pasaba y que venía del campo, Simón de Cirene, el padre de Alejandro y Rufo, a que llevara la cruz de Jesús. Le llevaron al lugar llamado Gólgota, que traducido significa: Lugar de la Calavera” Marcos 15.21-22

Estaba en una celebración de la Iglesia de las Violetas, una de las iglesias del distrito Córdoba de la que soy superintendente. Luego de la alabanza, el momento de la Palabra y la comunión donde adultos, jóvenes y niños/as participaban con fervor en una ronda circular, veía con sorpresa como algunos niños/as se acercaban y abrazaban a los presentes. En eso siento el abrazo de un niño, que, sin verle el rostro, me hizo sentir algo especial.

En el instante pensé que era, como tantas veces en la tarea con ellos/as se acercan para pedir afecto, ese cariño que los adultos olvidamos dar a nuestros hijos/as, por estar tan ocupados o encerrados en nuestras preocupaciones. Pero no, cuando trato de sentir y salir de la racionalidad, siento que ese abrazo no es algo que estoy dando yo, sino algo que estoy recibiendo.

Un abrazo de un niño que Dios utilizó para fortalecerme en un momento de debilidad, frente a tantos desafíos que enfrentamos en la tarea pastoral.  En un momento difícil de nuestro país, donde estamos como distrito juntando donaciones de comida y ropa para paliar el hambre en los comedores de nuestras comunidades. Fue confirmado este sentir, cuando luego del culto, la pastora de la comunidad… (al comentarle lo experimentado) me dice: “…si ellos/as nos ministran así en medio del culto, como cuando oraron por las ofrendas o cantaban o tocaban los instrumentos musicales.”

Luego de dos días de lo sucedido, me llega este texto de Simón de Cirene que ayudo a Jesús en el momento más crítico de su vida, en el camino de la cruz. Algunos lloraban, otros gritaban con odio y quizás muchos se quejaban de ver al Maestro de Galilea cargando su cruz. Pero hubo un hecho casi inadvertido y sencillo, que ayudó a llevar la cruz, de Aquel que estaba salvándonos a todos/as.

Pensé, que ese niño de la iglesia fue un Simón de Cirene que Dios utilizó para animarme.  En un tiempo donde el sistema de mercado, muerte actual nos encierra en insensibilidad o en indiferencia. En un tiempo donde debatimos sobre la urgencia de la solidaridad con los necesitados y del rol ineludible del Estado ante la emergencia alimentaria de nuestros hermanos/as más pequeños (y lo celebro, pero no puedo creer que estemos debatiendo eso), a veces sobran las palabras y son imprescindibles acciones, hechos concretos.

Justo en ese día le había regalado a mi hijo en su 17 cumpleaños, un libro muy querido para mí del teólogo y filósofo danés Søren Kierkegaard (1813–1855) donde dice: “Debo encontrar una verdad que sea verdad para mí”.  Me pregunto: ¿cómo estoy viviendo la verdad del camino de Jesús?, …. soy de los que gritan, de los que se lamentan o soy de los que hacen algo con amor auténtico por los demás.  Como este niño, este Simón de Cirene del siglo XXI.

¿Y tú? Déjanos saber como estas viviendo la verdad del camino de Jesús. Escríbenos: dinamicasdelcamino@gmail.com

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