Odio y exclusión vs Amor y respeto

“Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios.” Lev- 19:34

Recientemente fuimos testigos de un terrible suceso ocurrido en El Paso, Texas. El sábado pasado dimos cuenta de los estragos que pueden causar los discursos de odio y xenofobia. La matanza que se desató en una tienda de Walmart en la ciudad del El Paso, fue uno de los tres episodios violentos que se suscitaron en el país vecino el pasado fin de semana. Aunque en los eventos de Ohio y Chicago no se ha confirmado el vínculo con manifiestos y discursos de odio, el episodio de El Paso le ha quitado la paz a miles de ciudadanos migrantes que radican en los Estados Unidos, pues todo parece indicar que estos grupos en los que se promueve la supremacía blanca, están levantando una ola de terror entre la población del mundo entero, ya que dicha matanza se llevó a cabo bajo el argumento de querer detener la “invasión latina”.[1]

Muy a pesar de que el presidente Donald J. Trump lo niegue, él ha sido uno de los principales promotores de las ideas de xenofobia y racismo que están alimentando a los grupos que pugnan por una sociedad homogénea. Ahora bien, él no es el primero, ni será el último mandatario en expresarse de esa forma y de causar división incluso dentro de su propio pueblo, pero hay algo que resulta sumamente aterrador, especialmente para aquellas personas que seguimos a Jesús de Nazareth. Me refiero al apoyo que grupos cristianos de corte conservador, le han brindado al presidente de los Estados Unidos. Es alarmante porque hay ministros protestantes de diferentes denominaciones que han expresado públicamente que Trump tiene el respaldo divino, argumentando que es, como lo dice la Biblia, “una autoridad puesta por Dios”, y solo por eso recibe el respaldo y la legitimidad necesaria para actuar de forma cobarde e irrespetuosa al promover el odio, el miedo y la división.

Me parece que es muy importante reflexionar en lo que está sucediendo, pues si decimos que somos seguidores de Jesús tenemos que ser capaces de reconocer y denunciar el mal, aunque este se encuentre en la figura presidencial. Es lamentable y desgarrador escuchar los testimonios de las víctimas y de los familiares que perdieron a sus seres queridos en este terrible atentado. Vidas que apenas comenzaban, o que se vieron interrumpidas por un acto conducido por el odio. Son situaciones irremediables en las que está demás decir que eso fue “voluntad de Dios”, pues más bien, considero que esas son las consecuencias del adormecimiento y la comodidad en las que ha caído la iglesia, que la incapacitan para reconocer a su prójimo en el migrante pobre que está en su región. Hago el énfasis en ser pobres, porque estamos cayendo en la aporafobia (rechazo o aversión a los pobres), el miedo no es a que vengan migrantes, sino a que estos sean pobres.

Aquí me conecto con una terrible situación que recientemente ocurrió en México. El pasado 31 de julio 10 migrantes centroamericanos que salieron de la Casa del Migrante de Saltillo, Coahuila para tomar el ferrocarril, fueron sorprendidos por un operativo conducido por el Instituto Nacional de Migración en conjunto con la Policía Federal, en el que se abrió fuego contra el grupo de migrantes entre los que se encontraban familias con menores de edad. El trágico resultado fue la muerte de un hombre salvadoreño que iba acompañado de su pequeña de 8 años.

Es muy fácil mirar la paja en el ojo ajeno, pero la iglesia en México no se queda atrás cuando de negligencia se trata. La polémica alrededor de la venida de nuestros hermanos a través de las “caravanas migrantes” han generado un debate que ha causado división entre los miembros de la iglesia. Algunos apelan a que estas personas se atienen a estos terribles hechos desde el momento en el que deciden salir de sus países sin los documentos oficiales, con frialdad y hasta con una pizca de desprecio los rechazan y justifican su rechazo al decir que “hay formas para hacer las cosas”. No se detienen a pensar por un segundo en cómo debe ser la situación de esas personas que aun sabiendo el riesgo que implica (como perder la vida) prefieren eso a quedarse en sus hogares. ¿Por qué será? ¿Alguna vez lo hemos pensado? ¿Será acaso que la violencia y la pobreza han llegado a niveles insoportables al grado que es mejor arriesgarse a pasar por situaciones que impliquen perder la vida misma o la de un ser querido? ¿Cómo debe ser la realidad de estas personas para que decidan que vale la pena intentarlo?

Sean las personas que detentan el poder en nuestros países o en nuestras iglesias, si los discursos que promueven generan división, culpa, miedo y odio, como iglesia tenemos que tener el valor suficiente para levantar nuestra voz y confrontar esas ideologías, porque son completamente opuestas a lo que Jesús enseñó. Es tiempo de reflexionar, de arrepentirnos, pedir perdón a Dios y a los migrantes indocumentados que están a nuestro alrededor. Debemos detener los mensajes de odio y exclusión y cambiarlos por mensajes de amor, vida, paz y justicia. Como iglesia no podemos permanecer indiferentes a lo que pasa a nuestro alrededor y no debemos olvidar que la migración es un derecho para todos.

Lo dijo Guillermo del Toro en la develación de su estrella en el paseo de la fama en Hollywood, “el antídoto ante eso (el odio, el miedo y la división) es permanecer juntos, unirnos, y entender que esa división es completa fantasía.”[2] Yo lo modificaría un poco para decir que la diversidad fue la idea de Dios, él estuvo detrás de ella, así es que nunca justificará la división.

Estamos viviendo un momento importante, estamos en una guerra entre el odio y el amor, y aunque suene romántico, la realidad es que los discursos de odio se están extendiendo, Trump no es el único mandatario con ideas intolerantes, tenemos algunos otros que han causado un gran revuelo como Bolsonaro en Brasil, quien llegó a la presidencia con el apoyo de la iglesia evangélica y que ha demostrado públicamente su desprecio por las mujeres, los homosexuales, los pobres y algunas otras minorías. Gracias a Dios, siempre hay un remanente, ¿y tú estás dispuesto a ser parte de la resistencia? ¿A cambiar los discursos de odio y el enfoque en las diferencias por el amor y el respeto? Como parte de la Iglesia de hoy ¿estás dispuesto a levantar tu voz para poner un alto al odio y la exclusión, vengan de quien vengan?

Este es nuestro momento.

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[1] BBC News. 7 de agosto de 2019. Tiroteo en El Paso, Texas: el mayor atentado contra latinos en la historia moderna de Estados Unidos https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-49259273

[2] Excelsior. 07 de agosto de 2019. “Soy mexicano y soy migrantes: Guillermo del Toro”, https://www.excelsior.com.mx/funcion/soy-mexicano-y-soy-migrante-guillermo-del-toro/1328936

3 thoughts on “Odio y exclusión vs Amor y respeto”

  1. Gracias a Dios, siempre hay un remanente, ¿y tú estás dispuesto a ser parte de la resistencia? ¿A cambiar los discursos de odio y el enfoque en las diferencias por el amor y el respeto? Como parte de la Iglesia de hoy ¿estás dispuesto a levantar tu voz para poner un alto al odio y la exclusión, vengan de quien vengan?

    Este es nuestro momento.

    Excelente reflexión y genial llamado final…..Gracias Fer …venga tu reino Señor y confunde y divide los planes de odio de los poderosos !!!!

  2. Gracias por compartir y por invitarnos a la reflexión, y sobre todo a la acción.
    Como lo mencionas el adormecimiento y comodidad en la cual llegamos a caer como iglesia nos incapacita para cumplir con la misión de Dios.
    Qué importante es despertar y tomar el lugar de luz y sal de este mundo al que por gracia somos llamados, recordando en las palabras de Jesús que las lámparas no se encienden para esconderse debajo de una vasija sino para ser puestas sobre el candelero y alumbrar a todos los que están en casa (Mateo 5:15).
    Hay mucho por hacer, pero comparto contigo empecemos por cambiar el discurso y manos a la obra!

  3. Gran mensaje, crítica profética que sacude las conciencias, mediante la reprensión del pecado social, y la convocatorio a caminar en justicia. Gracias, Fer, por compartir.

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