La niña que grito lobo

Una de las fábulas más conocidas en casi todas las culturas del mundo, es la del niño pastor que cuidando de sus ovejas en la noche, despierta a sus compañeros a gritos, vociferando que el lobo viene de camino a comerse las ovejas.

Esta fábula ha sido usada a través de la historia para enseñar a los chiquitos/as a nunca inventar cuentos y siempre decir la verdad, no importando el costo. Las consecuencias de la decepción y de tratar de esconder o distorsionar la realidad, son severas, en algunos casos hasta el punto de verse cara a cara con un lobo feroz.

Recuerdo cómo mi abuelita nos leía a mi hermano y a mí fábulas como esta, (oh fabulas del tío tigre y el tío conejo) que siempre tenían una enseñanza moral o ética. Como niño, era muchísimo más fácil ver que las acciones del pastorcito eran devastadoras. Mi abuela usó la imagen de una simple historia, para enseñarnos a mi hermano y a mí a no evadir la responsabilidad de nuestras acciones.

Pero si pensamos en el punto moral de la historia, podemos ver que la tentación de gritar lobo se cuela en muchas partes de nuestra vida día a día. Por ejemplo, a veces gritamos lobo cuando queremos eludir la responsabilidad, o cuando de forma egoísta distorsionamos la verdad para que ella sirva nuestros propósitos.

Recientemente quise utilizar esta fábula con mi hija Ali, después de ver que ella describió un evento que ocurrió en casa y posteriormente, al igual que el pequeño pastor, tuvo que dar cuentas a su mamá de los hechos ocurridos. Para Ali, la tentación de quedar libre de culpa en cuanto a sus acciones justificó su comportamiento. Evadir su responsabilidad fue la vía más fácil y menos dolorosa para salir del asunto. Pero todos sabemos el final de la fábula.

Las acciones de Ali me hicieron reflexionar de una forma extraña en cómo la iglesia está gritando: ¡lobo! Por lo menos en la Iglesia Metodista Unida en la que yo trabajo y sirvo, esto es una realidad. Como iglesia hemos estado ignorando la realidad que vivimos y evitando las severas consecuencias de nuestras acciones (oh inacciones en muchos casos). La pregunta es, ¿por qué? Quizás la respuesta esté en la tentación de la iglesia de buscar la vía fácil y menos dolorosa, algo que mi hija de tan solo 5 años me hizo ver de una forma clara.

Como iglesia continuamos gritando lobo con nuestra falta de acción ante muchas de las crisis humanas, que demuestran lo incierto que puede ser nuestro futuro. Se nos cuela la tentación de lavarnos las manos de nuestra propia injusticia e inconsistencia moral y de buscar la comodidad en ves del compromiso de ser luz y sal de la tierra. (Mateo 5:13-16)

Gritamos lobo, cuando ignoramos a las personas oprimidas. Gritamos lobo, cuando ponemos cargas irreales e inalcanzables en personas vulnerables. Gritamos lobo, cuando vivimos en una realidad paralela, sin preocuparnos por aquellos que vive y ejercen la gracia bajo presión,[1] siendo millones de personas que buscan recobrar su dignidad. Gritamos lobo, cuando demonizamos paradigmas alternos al nuestro.[2] Gritamos lobo, cuando sostenemos sistemas de opresión en contra de la mujer, de los niños/as, de personas discapacitadas, de la creación, y de aquellos que están en los márgenes de nuestra sociedad. En nuestra comodidad hemos olvidado la responsabilidad y hemos tomado, como aquella niña que grito lobo, el camino fácil del bienestar.[3] En nuestra comodidad, hemos dejado nuestro compromiso social. Y ahora la iglesia pasa más tiempo desarrollando programas para bienestar interno, en vez de tomar cuidado de aquellos/as que gimen por justicia.

Una colega afirmó que la iglesia tiene que convertirse en espacio contracultural para salir de este embrollo.[4] ¿Estamos acaso dispuestos a seguir el camino de la comodidad hasta el punto en que la iglesia deje de ser? O ¿será necesario un cambio radical de parte de la iglesia metodista para poder cumplir el llamado que Dios tiene para ella? El cambio necesita ser inmediato y necesita ser radical.

Claro está, que esto es una crítica general a una iglesia que poco a poco a perdido su camino. Hay millones de iglesias locales que, en lo particular, siguen siendo la sal y la luz de sus comunidades de base. Siguen siendo fieles a la moral de la fábula, siguen arraigadas en su responsabilidad de ser y estar en solidaridad con el oprimido, cualquiera que sea. Millones de personas dentro de la iglesia que día a día buscan el bienestar de muchos/as sin importar el costo.

Yo espero que este sea el caso para mi propia denominación, a la cual amó tanto. Pero el futuro se puede volver incierto, así como las tentaciones de gritar lobo se hacen más y más fuertes. Solo estando arraigados al llamado de Jesús a ser agentes de cambio, luz, sal, podremos mitigar los efectos malignos de nuestra propia inacción. Así como lo demostró Romero viviendo las siguientes palabras, “… la misión de la iglesia es identificarse con el pobre [sic.], así la iglesia encuentra su salvación.”[5]

Una nueva mañana se asoma en la iglesia metodista, en donde de verdad podremos dejar el conformismo, la riqueza, la violencia, las divisiones, el abuso de poder, el legado patriarcal y la inacción, para retomar nuestro lugar en el mundo como la iglesia de Cristo, centrados en nuestra visión original de santidad individual y comunal y nuestro compromiso con la justicia social.

Hay demasiados lobos feroces afuera esperando que fallemos y en vez de caer en la tentación de gritar en vano, caminemos juntos hacia la obra de nuestro salvador con amor y justicia. Si ese es el futuro de la iglesia, el será uno en el cual puedo estar orgulloso, y uno que es digno de ser usado como ejemplo para las futuras generaciones, como mi pequeña Ali.

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[1] Joerg Rieger. With Contributions by Paulo Ayres Mattos, Helmut Renders, and José Carlos de Souza. No Religion But Social Religion. Liberating Wesleyan Theology. (Nashville, TN. The general board of higher education and ministry, The United Methodist Church. 2018), 39

[2] Walter D. Mignolo. Historias Locales/Diseños Globales. Colonialidad, conocimientos subalternos y pensamiento fronterizo. (Ediciones Akal, 2000), 50

[3] Justo L. González. Teología Liberadora. Enfoque desde la opresión en una tierra extraña. (Buenos Aires, Argentina. Ediciones Kairos, 2014), 45

[4] María Fernanda Casar Marfil. Violencia de género: Un acercamiento bíblico y teológico sobre las causas y las posibles soluciones (Nuevo Leon, Mexico. 2019), 2

[5] Monseñor Oscar Arnulfo Romero en su homilía del 11 de noviembre de 1977.

2 thoughts on “La niña que grito lobo”

  1. Excelente llamado Jonathan, en pocas palabras haz dado en la tecla de la crisis de sentido y misión que viven muchas iglesias.
    Gracias por traer esta experiencia de tu hija. Renueva la creación oh Dios, y a tu iglesia y que venga tu reino, Señor. Por los caminos que quieras
    Gracias

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