La discapacidad y la teología contemporánea 2

Parte 2 Pneumatología y carisma

La pneumatología (griego Pneumaπνεῦμα – soplo o espíritu) es el estudio de la persona y actividad del Espíritu Santo. Este estudio es una disciplina esencial en la teología cristiana. Al igual que la salvación, la cual tocamos de forma breve en el artículo anterior, la pneumatología tiene implicaciones importantes en la vida y práctica de la iglesia.

La pregunta eclesiástica contemporánea que deriva directamente de esta disciplina pneumatologíca tiene que ver con la participación laica en el ministerio de la iglesia. Claro que para entender la interrogante, hay que hacer una pequeña pausa y aclarar el contexto contemporáneo de la misma.

La participación laica en el ministerio de la iglesia es vital para su existencia. Cada miembro de la iglesia es dotado con ciertos dones, según la gracia de Dios, para el enriquecimiento del cuerpo de Cristo. La pregunta es ¿cómo sabemos cuáles son los dones dados al cuerpo de Cristo? El estudio de la actividad del Espíritu Santo nos ayuda a ver cómo Dios trabaja en la vida y ministerio de la iglesia.

El carisma (o el regalo de los dones del Espíritu Santo, como es comúnmente referido) es parte de dicho estudio pneumatologíco. Por ejemplo, hasta hace poco tiempo, la teología paulina de la doctrina del carisma había estado mayormente enfocada en la distribución de regalos (o dones), basados en ciertas jerarquías dependiendo de cómo ayudan o ministran a la iglesia. Se les daba más énfasis a dones como hablar en lenguas o el don de profecía (porque son de índole pública), a dones como el servicio o el celibato. Claro está, que esto puede ser parte de otro tema, pero es importante dejar claro dicho contexto.

Por otro lado, dichas interpretaciones y la expansión de movimientos carismáticos, especialmente en el Sur global, han exaltado la privatización de los dones de Dios a personas “carismáticas” que popularmente son los recipientes de “todos” los dones, o de dones “especiales” o regalos “necesarios” para la edificación de la iglesia.

Esta problemática se hace más grande cuando contemplamos la presencia de personas con discapacidad mental en las iglesias. Dado el contexto, surgen las preguntas: ¿pueden las personas con discapacidad mental ser recipientes del carisma de Dios? Y si pueden, ¿cómo estos dones pueden ser usados para la edificación de la iglesia?

Carisma y carismata

En el Nuevo Testamento la palabra carisma se repite 17 veces,[1] que en realidad no son muchas, pero 16 de ellas están dentro de las cartas paulinas. La mayoría de las veces, la palabra carisma se utiliza como una palabra no técnica, que por lo general hace referencia a un regalo de Dios, pero que tiene la tendencia a convertirse en un concepto técnico. De ahí el nexo con el Espíritu Santo, que se expresa claramente en 1 Cor 12:4-11, 22. La doctrina de los dones está formulada principalmente en el Nuevo Testamento en las cartas Paulinas, está contenida en lo que se designa: la teología Paulina. Claro está, que dicha teología como todas las demás, pueden ser interpretadas desde diferentes perspectivas.

En las últimas décadas han surgido interpretaciones paulinas más inclusivas, por ejemplo, el teólogo Amos Yong, viendo el énfasis de Pablo al versículo 22,[2] interpreta la teología paulina del carisma basado en la actividad del Espíritu Santo plasmada en Hechos 2.[3] Yong argumenta que si los dones de Dios son distribuidos a todos/as por igual por la gracia de Dios (carismata), la privatización de dichos dones, particularmente por hombres de poder, es errónea. Personas con discapacidad mental, no solo pueden ser receptores de dichos dones, si no que pasan a ser una parte esencial de cómo los dones son distribuidos por la actividad del Espíritu.[4]

Para Yong, esta “teología del más débil”[5] rompe con ciertos estereotipos de la discapacidad, como la idea de que las personas con discapacidad mental son sólo receptores del cuidado continuo de la iglesia. Por el contrario, para Yong las personas de discapacidad mental, incluso aquellas que requieren cuidado medico diario, son miembros de la comunidad eclesial y son portadores de dones para la edificación de la iglesia.

Parte del ministerio y no sólo receptores de este

En estas interpretaciones contemporáneas inclusivas, las personas con discapacidad mental se convierten en el catalítico que nos ayuda a ver las fallas en los énfasis erróneos de dicha doctrina. Por un lado, acaba con la idea del “infantilismo”, o la idea de ver a personas con discapacidad mental como perpetuos “niños/as” que no tienen mucho que aportar dentro de la iglesia, o que deben de ser los receptores de las caridades de otros. Esto para Yong es un grave error, porque perpetúa la degradación de personas con discapacidad (que también pone a los niños/as en un plano inferior) a ser solo receptores de caridad y no aportadores de la misma. Un peligroso error que excluye a millones de personas en el mundo.

Por otro lado, estas interpretaciones inclusivas también eliminan la humillación de personas con discapacidad y la tentación de querer verlos como seres “incompletos”. Una vez más, si la actividad de Dios es por su gracia y los dones son repartidos a todos por igual (como lo deja claro hechos 2), las personas con discapacidad no son excluidas de dicha realidad. El verlos como seres incompletos es una burla teológica y un acto de agresión que lleva a estas personas a sentirse inferiores, excluidos e incompletos.

No es coincidencia que en la misma carta a los Corintios, Pablo habla de que no hay judíos o griegos, esclavos o libres. Las personas con discapacidad mental pasan de esta forma a ser incluidas dentro de una teología liberadora al mismo plano que los pobres, el oprimido, la mujer y todo aquel o aquella que sea rechazado por el aparato eclesial, gubernamental, político o teológico, contra el cuál Jesús batalló y venció con su vida y ministerio, dándole su lugar a cada grupo rechazado dentro de su reino y su justicia.

La pregunta es: ¿vamos a ser una iglesia que incluya a personas con discapacidad mental, igual que otros grupos de personas oprimidas en el mundo? Si la respuesta es positiva ¿cómo esto va a cambiar los estereotipos que tenemos hoy en nuestras iglesias hacia las personas con dicacidad? Es tiempo de ser una iglesia inclusiva en todos sus sentidos, y es tiempo de caminar juntos con nuestras hermanas y hermanos con discapacidad, para poder vivir la frase célebre de Monseñor Oscar Romero: ¡…en solidaridad con el oprimido, es que la iglesia encuentra su salvación!

Regresa a la PARTE 1 AQUÍ.

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                [1] http://www.laicos.va/content/laici/es/sezioni/associazioni/articoli/i-carismi-nel-nuovo-testamento-di-albert-vanhoye-.html

                [2] https://www.biblegateway.com/passage/?search=1%20Corinthians+12&version=NIV

                [3] Amos Yong, The Bible, Disability, and the Church: A New Vision of the People of God (Grand Rapids, MI. Eerdmans Publishing Company. 2011), 71 (Mi propia traducción)

                [4] Chiasson-Lauzon, Annette. (2014). The Bible, Disability, and the Church: A New Vision of the People of God by Amos Yong (review). Toronto Journal of Theology. 30. 164-166. (Mi propia traducción)

                [5] Yong, The Bible, Disability, and the Church, 83 (Mi propia traducción)

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