Encanto: expectativas, dones y fe

 In Caminando en Justicia, Teología y Cultura

En la iglesia en la que estoy asignada como pastora, estamos en medio de una serie en la que estamos hablando sobre los dones espirituales y cómo estos deben estar directamente ligados al beneficio y crecimiento de la misma comunidad de fe, y del contexto que la rodea. El domingo pasado hablamos del motivo principal por el cual Pablo escribió a la iglesia de Corinto: La falta de Unidad. Resulta que esta comunidad naciente, estaba lidiando con algunos conflictos de división. Al parecer había 3 grandes temas que estaban originando el problema: el tema de la lealtad a quien los trajo a la fe (Pablo, Apolos, Cefas); el tema de las diferencias socioeconómicas y lo que esto estaba generando con respecto a la cena del Señor; y finalmente el tema de las distinciones entre quienes ejercían un don u otro (milagros, sanidades, profecía, hablar en lenguas, interpretarlas, etc. vs. Fe, sabiduría, conocimiento, etc). Aunque hay mucho que decir de cada punto de conflicto, quisiera concentrarme en el tema de los dones, y ligar esto con la más reciente producción de Disney, la película “Encanto”.

Por la manera en la que Pablo se dirige a la iglesia de Corinto, podemos entender que comenzaba a haber una extraña jerarquización por el tipo de dones que la gente tenía (además de la cuestión socioeconómica, y de los mentores), y esto estaba afectando el crecimiento y desarrollo de la comunidad en lo particular y en lo general. Pareciera que, como sucede aún en la actualidad, algunas personas comenzaron a sentir que eran más o menos especiales de acuerdo con el don que les había sido dado, como si hubiera una especie de categorización en donde los “super-cristianos” estaban a la cabeza con los dones más visibles, y el resto ejercía los dones menos visibles en el anonimato. ¿Pueden recordar alguna experiencia relacionada con esto? Muy seguramente, pero quisiera hablar de la conexión que encontré con la película encanto.

Mis hijos tienen 9 y 7 años, así es que pueden imaginar la inmensa cantidad de veces que hemos visto la película. Debo decir que la película es hermosa en muchos sentidos. Aborda diferentes problemáticas y situaciones que a los latinos nos conectan casi de manera inmediata con nuestras experiencias de vida y nuestra historia. La historia es sobre la familia Madrigal, que, tras haber experimentado la migración forzada y la pérdida del padre de familia, por la violencia y el despojo, experimentan un milagro que les permite encontrar un nuevo hogar, pero esta vez, uno mágico. “Casita” que es un personaje de la película, tiene vida propia y dentro de sí alberga cuartos mágicos que contiene mundos diferentes de acuerdo con el poder de cada uno de sus habitantes. La matriarca y la primera receptora del milagro, queda viuda a cargo de sus trillizos, que al crecer obtienen un “don” o poder sobrenatural, que servirá para la supervivencia y bienestar de la familia y del pueblo que logra sobrevivir con la ahora “abuela Madrigal”.

Los trillizos que ahora son adultos, y dos de ellas esposas y madres, han podido ver cómo sus hijos recibieron un don, con excepción de Mirabel, la protagonista de la historia. La cosa se pone triste, cuando le toca el turno de recibir su don, la puerta mágica pierde su luminosidad y ella no recibe nada. La pequeña Mirabel tiene que afrontar una incomprensible realidad, toda su familia ha recibido dones, menos ella. Todos tienen poderes mágicos, menos ella. Pero eso no es lo peor, lo peor es que la magia o encanto, empieza a correr peligro y Mirabel es la primera en notarlo. Ella, con su sentimiento de inferioridad y con el enorme peso que carga por querer ser digna e igual de valiosa que el resto, experimenta una grandiosa aventura en la que descubre que de alguna manera será la clave para salvar el encanto y a su familia.

En el proceso conocemos al resto de los personajes, su mamá Julieta puede sanar cualquier herida con una arepa con queso. Su tía Pepa cambia el estado del clima con su estado de ánimo. Sus hermanas Luisa e Isabela tienen el don de la super fuerza y el poder de hacer crecer la tierra y su fruto, respectivamente. Sus primos Dolores, Camilo y Antonio tienen los dones de: super oído, cambiar de forma y hablar con los animales, y finalmente el tío trillizo excluido, es un vidente que, a través de un ritual, es capaz de ver el futuro de las personas. Todos ellos son parte de la aventura y del proceso en el que Mirabel demuestra que también tiene un don, que no están visible, pero que resulta en la salvación de la familia, su capacidad de ver más allá de lo evidente, su capacidad de perdonar, su liderazgo y su gran valentía.

La película cierra con una hermosa canción en donde todos participan en la reconstrucción de la casa que queda completamente destruida. En dicha canción, sale a relucir una gran verdad, la abuela Madrigal, quien se había vuelto distante y fría, y solo le interesaba mantener el encanto a costa de la mucha presión que sentía la familia por sus expectativas, y que había perdido por completo el sentido del propósito de los dones recibidos, es confrontada y pide perdón diciendo:

Siento mucho que me aferré tan fuerte

Tenía tanto miedo de perderlos a ustedes también

El milagro no es un poder que tienes, el milagro eres tú, solo tú

El milagro eres tú.[1]

El momento es tan poderoso, y en mi caso particular me conectó enseguida con mi propia experiencia de fe y lo que fue para mí crecer en una iglesia que le daba preponderancia a la repartición y ejercicio de los dones espirituales. Recuerdo haber sentido y visto a otro sentir que no eran lo suficientemente buenos o agradables a los ojos de Dios como para recibir un “don especial” del Espíritu.

Me pregunto qué tanto la iglesia se ha comportado como la abuela Madrigal. Rígida, muy enfocada en mantener lo que recibió, olvidando que todo lo que ha recibido es para el servicio de los otros. ¿Cuántas personas no han sido profundamente lastimadas dentro de nuestras cuatro paredes por sentir que no pueden cumplir con las expectativas que hemos construido alrededor de la fe? Los dones pueden ser una de esas expectativas, pero me vienen a la mente algunas otra: la santidad, una moral sexual intacta, la cantidad de horas de oración, los libros de la biblia leídos, los pasajes memorizados, la abstención de ciertos programas de tv, música, comidas, bebidas, el contacto con personas que no son cristianas, y un largo etcétera. Parece que de pronto, el miedo hizo que olvidáramos el propósito de todo lo que estábamos haciendo, el propósito de ser iglesia y de tener dones espirituales.

Mi anhelo es que podamos perder el miedo a ser humanos, a sabernos vulnerables y que esa humanidad nos conecte con quienes sufren para que podamos llevar esperanza y que tal y como lo hizo Jesús, rompamos con los sistemas y construcciones de este mundo, bajo el propósito de que prime el amor.

 


[1] Encanto (Original Motion Picture Soundtrack). “All of you”. Traducción hecha por la autora del texto.

 

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