A propósito de “el diseño original”

Hoy esta frase, “el diseño original”, parece estar de moda entre los cristianos fundamentalistas, quienes la enarbolan como su carta más fuerte en contra de la homosexualidad; pero hay algo que considero que estos religiosos no ven y que les pasa de noche, en el libro de Génesis leemos lo siguiente:

«Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra».[1]

¿Nos damos cuenta? El diseño original de Dios no era la supremacía del varón y la subordinación de la mujer, modelo éste que tanto defienden los cristianos conservadores, sino la equidad de género. En el relato de Génesis, el propósito de Dios es que los dos, el varón y la mujer, sean “señores” sobre los animales y sobre toda la tierra, pero no el uno sobre la otra, ni al revés.

¿Cómo, entonces, se pudo llegar a relaciones tan asimétricas entre los géneros, a la desigualdad entre hombres y mujeres? El mismo libro de Génesis dice, en el capítulo 3, que el dominio del hombre sobre la mujer fue uno de los resultados del pecado de ambos, otros que menciona son el dolor de parto, el desastre ecológico, la explotación laboral y la muerte.

El hecho es que la teología tradicional ha olvidado el diseño de equidad entre los géneros, y ha santificado el marco de opresión sobre la mujer; el cual ha durado milenios y ha traído mucho sufrimiento a más de la mitad de la humanidad.

Pero gracias a Dios apareció Jesucristo y surgió la esperanza de un mundo mejor, él nunca enseñó la supremacía del varón ni el menosprecio de la mujer; al contrario, incluso tuvo discípulas (Magdalena, Marta, María, Juana y Susana, sólo por mencionar algunas), cosa que no acostumbraban hacer los maestros religiosos de la antigüedad.

Los apóstoles, por su parte, siguieron esta misma enseñanza. Pablo enseñó que entre los casados la sujeción debe ser mutua, lo cual en la práctica significa que el hombre ame a su mujer, y que ella respete a su marido.[2] Pero aún hay más, Pablo escribió unas palabras revolucionarias, que derriban las estructuras de dominio y de poder, sean éstas raciales, sociales o sexuales: «Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús».[3] Esto nos lleva a pensar que el diseño original, que se alteró por causa del pecado, en Cristo se recupera, esto es, la equidad y la armonía entre hombres y mujeres.

El apóstol Pedro, si bien siguió la postura tradicional de que las mujeres casadas se sujetaran a sus maridos, a éstos les dijo que las trataran con sabiduría, honor y cuidado, pues ellas son coherederas de la gracia.[4] Aquí hay un punto importante: las mujeres son “coherederas”, el término griego: syg-kleronomos, hace referencia a personas que comparten la misma suerte,[5] esto habla de equidad en su condición presente, y equidad en lo que recibirán.

Las enseñanzas del cristianismo, respecto a las relaciones entre hombres y mujeres, fueron revolucionarias y escandalosas en el primer siglo; las mujeres no sólo fueron discípulas, sino que pronto pasaron también a ocupar puestos de liderazgo en las incipientes comunidades de fe; así, encontramos en el Nuevo Testamento referencias a teólogas,[6] predicadoras,[7] diaconisas,[8] evangelistas,[9] y aún pastoras.[10]

Lamentablemente, a partir del siglo segundo, y muy probablemente para no ser “escándalo” a los gentiles, el patriarcalismo fue retomado por los dirigentes eclesiásticos, las mujeres fueron silenciadas y marginadas en las congregaciones, y en la familia se impuso un modelo anti-natural y anti-cristiano, que es el de un macho dando órdenes y una mujer callada y sumisa que obedece.

Pero los cristianos que sostienen este modelo machista y lo justifican bíblicamente, diciendo que es el castigo divino por la culpa de Eva, se arropan con una gran hipocresía, porque luchan por evitar los otros males derivados del pecado, como el dolor de parto y la muerte, según Génesis; si las cosas deben dejarse como resultaron después de la “caída”, entonces ¿no deberían renunciar a la ciencia y a la medicina que son remedios para evitar los dolores y la mortandad?

Jesucristo enseñó que las personas que viven en el reino de Dios deben trabajar por la justicia: «busquen primeramente el reino de Dios y su justicia»;[11] también dijo que la identidad de los cristianos es el amor: «en esto conocerán todos que son mis discípulos: si tuvieren amor los unos con los otros».[12] La fe cristiana nos motiva a trabajar por todo lo verdadero, lo honesto, lo justo, lo puro, lo agradable.[13] Así que no podemos seguir reproduciendo modelos de injusticia entre los seres humanos, sean estos sexuales, raciales o de cualquier otra clase.

Debemos hoy retomar el diseño original de equidad entre hombres y mujeres, trabajar por relaciones fraternales, compasivas y armoniosas entre todos los seres humanos; sanar las heridas que ha dejado el modelo patriarcal y machista; exhortar a los varones a que renuncien a su deseo de dominar a las mujeres; y permitir a nuestras hermanas que participen activamente en las comunidades de fe de acuerdo con sus dones y talentos.

Sí, yo estoy de acuerdo con el modelo original, en el que hombres y mujeres viven en equidad, un estado de vida que hay que recuperar, la utopía que sin el prefijo y sin el prejuicio se convierte en topía, en una realidad; un espacio sagrado en donde ningún ser humano domina sobre otro, en el que nadie es menospreciado por su sexo, raza o cualquiera otra condición; sí, creo en ese modelo paradisiaco, en donde el reflejo de Adán es Eva, y el de Eva es Adán.

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[1] Génesis 1:26-28.

[2] Efesios 5:21-33; obsérvese especialmente la apertura y el cierre de la perícope, v. 21, y v. 33.

[3] Gálatas 3:28.

[4] 1 Pedro 3:7.

[5] J. M. Pabón de Urbina, Diccionario Manual Griego (Barcelona: Vox, 2002), p. 550.

[6] Priscila era una erudita y maestra de doctrina, Hechos 18:26.

[7] Las hijas de Felipe, Hechos 21:9.

[8] Febe, Romanos 16:1.

[9] Evodia y Síntique, Filipenses 4:2-3.

[10] 2 Juan 1. Los teólogos conservadores que se inclinan por una postura patriarcal, dicen que la “señora” de esta carta, a la cual se le dan instrucciones pastorales, es una metáfora de la iglesia; pero al interpretar la 3ª carta, que menciona a un señor, sostiene que ahí sí es literal. ¡Vaya hermenéutica!

[11] Mateo 6:33.

[12] Juan 13:35.

[13] Filipenses 4:8.

2 thoughts on “A propósito de “el diseño original””

  1. Excelente y valioso ensayo Angel, una síntesis clara y contundente de textos bíblicos , siendo fiel a la visión de Jesús, gracias¡¡¡
    Pablo

  2. Hola, Pablo, muchas gracias por tu comentario, también tus aportaciones son muy valiosas en este espacio. Saludos.

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